8/22/2010


Salir de la oscuridad Dvali, Georgi



Puede que la aceleración cósmica no la cause una energía oscura, sino un inexorable flujo de gravedad que escapa de nuestro mundo.


Pocas veces se han sentido tan confusos los cosmólogos y los físicos de partículas. Aunque recientes observaciones han confirmado nuestro modelo estándar de la cosmología, todavía queda un interrogante abierto: ¿por qué la expansión del universo se acelera? Si se tira una piedra hacia arriba, la atracción de la gravedad de la Tierra la frenará; no se acelerará alejándose del planeta. Del mismo modo, las galaxias lejanas, impulsadas por la expansión subsiguiente a la gran explosión, deberían atraerse unas a otras y frenarse. Y, sin embargo, se separan cada vez con más rapidez. Por lo general, se atribuye la aceleración a una misteriosa energía oscura, pero poco más puede añadirle la física a esa etiqueta. Lo único que va quedando claro es que, a las mayores distancias que llegamos a observar, la gravedad actúa de manera extraña y se convierte en una fuerza repulsiva.


Las leyes de la física establecen que la gravedad proviene de la materia y la energía; atribuyen una clase extraña de gravedad a una extraña clase de materia o energía. De ahí que se hable de energía oscura. Pero quizá deban cambiarse las leyes mismas. Los físicos cuentan con un precedente de un cambio tal: la ley de la gravitación de Newton del siglo XVII, que tenía varias limitaciones conceptuales y experimentales, dejó paso a la teoría general de la relatividad de Einstein en 1915. La relatividad también tiene sus limitaciones; en particular, cuando se aplica dicha fuerza a distancias muy cortas, que corresponden al dominio de la mecánica cuántica. De modo parecido a como la relatividad englobó la física de Newton, una teoría cuántica de la gravedad incluiría finalmente la relatividad.


La masa de los neutrinos. Una cota superior


La materia oscura fría con constante cosmológica la limita mucho. Superkamiokande demostró que los sabores neutrínicos se mezclan. WMAP pone un límite a sus masas de 0,7 eV. El mecanismo del balancín (seesaw) explica esa pequeñez.


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