2/19/2009

RE-DESCUBRIENDO LA CIENCIA MAPUCHE...


Para la cultura mapuche la ciencia es entendida como un todo armónico, el universo se ve como un gran ser vivo que regula su propio ser y que utiliza las energías para auto regenerarse y manifestarse reproduciéndose en cualquiera de sus dimensiones ya sea en este mundo material o NAG MAPU o en el mundo intangible o metafísico el WENU MAPU, lugar donde van los que fueron CHE o gente después de su paso por el ciclo de la vida terrenal.

El KIMUN o saber ancestral nos entrega algunos elementos que nos corroboran la visión de ciencia de la cultura mapuche, es así como el axioma que dice KOM KIÑE MEU MUTEN DEUMALEY PU ANTU, PU PULLU, KA PU WANGLEN, PU CHE, PU MAPU, que al traducirlo nos dice que todo esta hecho de lo mismo, el sol, el espíritu, las estrellas, la gente, la tierra corresponde a la verdad de todo lo que existe esta conectado con todo lo demás, diferenciándose de la visión de ciencia que tiene el occidental quienes fragmentan, dividen o comparten la realidad lo que les impide comprender la complejidad y la simplicidad del universo que nos rodea.
La ciencia mapuche nos dice que arriba y abajo existe lo mismo y todo esta compuesto de partículas de energía llamadas NEWEN o fuerza cósmica la cual encontramos simbolizadas en relatos que hablan del origen del ser mapuche y del universo (WANGLEN, TRENG TREG Y KAY KAY, WIRA KA LEUFU y otros) todos ellos nos aportan un conocimiento para descifrar lo que conforma el cosmos y como los sabios mapuches los interpretaron. A continuación un aspecto resumido de la ciencia mapuche a la cual hemos denominado astros mapuches o astronomía desde lo mapuche.

ANTU, el sol generador de la vida y fuente de energía, es un newen controlador de la naturaleza y concebido por los antiguos sabios como el padre originario ancestral, hacia el se dirigían los ritos que tenía por finalidad restablecer el equilibrio en el NAG MAPU, no se le veneraba como un dios si no que como una fuente infinita de energía que permite la sobre vivencia terrenal.

KUYEN, la luna considerada madre controladora del espíritu de las aguas y de lo femenino, protectora de los sueños y testigo de la lucha que el mapuche tiene permanentemente con las fuerzas del mal atribuidas a los WESA NEGEN o fuerzas negativas a las cuales por su debilidad les ésta permitido actuar solamente en el mundo material o tangible.
KUYEN tiene una estrecha relación con la mujer mapuche por que controla el ciclo de fertilidad de ésta (KIYENTUN) lo cual era simbolizado con un rito.

WANGLEN, las estrellas o soles que se encuentran en otras dimensiones espacio temporales del universo pero que ejercen influencia como parte de un todo armónico del WENU MAPU o cosmos mapuche.

TOKI KURA, o hachas de piedra, denominación que reciben los meteoritos, verdaderos fragmentos de cuerpos sólidos que existen en el universo. La caída de un TOKI KURA era de buen augurio pues representaba un destino, poder de quien naciera a la vida en el LOF, es así que se dice que cuando nació LEFTRARU o LAUTARO los sabios vieron caer un TOKI KURA que le fue entregado cuando asumió la dirección del pueblo en la lucha de liberación, lo mismo se dice de cuando nació KAPLANG hijo del gran MAGUIL WENU.

WIKA KA LEUFU, nombre mapuche para identificar la vía láctea, corresponde al lugar donde se encuentra nuestro NAG MAPU y los sabios lo veían como un gran río aplastado por un guerrero ancestral quien venció a las fuerzas negativas que habían logrado trascender al principio del todo, el origen del universo.

GUL POÑY, que se traduce como montón de papas, corresponde a la constelación conocida por los occidentales como la Pléyades, los sabios decían que regia la producción de alimentos tales como cereales, leguminosas y tubérculos, también se le conoce como la gallina con sus pollitos.

PUNON CHOIKE, la huella del avestruz, así se identifica a la constelación de Orión lugar considerado por los kimche o sabio como mágico y sagrado, era estudiado por los conocedores e iniciados en las ciencias ocultas mapuche ( de lo cual no se me esta permitido hablar) tan solo podemos agregar una mística relación con la danza del CHOIKE PURUN en la cual se alcanza la experiencia de un vuelo místico de comunicación con lo absoluto donde se pierde la noción del tiempo y aparecen seres y personas ancestrales los que otorgan un poder inigualable y enseñan como ampliar el sentido del ser más allá del horizonte visible.

WENU MAPU, es el universo, el cielo, el territorio donde habitan los antepasados y adonde llegaremos quienes no transgredamos las leyes y el orden natural de las cosas convirtiéndonos en halcones o cóndores del sol.
Esto corresponde a un reducido rescate del conocimiento y sabiduría mapuche pero, sin embargo, de una gran importancia para reconstruir nuestra ciencia como patrimonio colectivo de un pueblo cultura originaria.

El PELOM ésta despertando el PULLU de la gente de la tierra, por ello mirando al pasado y sabiendo que teníamos, y quienes éramos, podremos construir el futuro, por que en el pasado éramos más sagrados, más espirituales.

América del sur -
Calendarios solares indígenas:
el otro Año Nuevo

Guiados por los ciclos del sol, los pueblos originarios desarrollaron sus calendarios. Topógrafos e ingenieros, junto con antropólogos y arqueólogos investigan los observatorios solares prehispánicos para conocer las cosmovisiones de esos pueblos...


FUENTE: AIPIN*
Indo América.

El último día de cada año, todos estamos pendientes del reloj, esperando las 12 listos para festejar la llegada del nuevo año. Pero más allá de los brindis y abrazos, el paso de un año al otro sucede en el medio de una noche como cualquier otra en nuestro calendario.

Sin embargo, no siempre fue así ya que de acuerdo con calendarios indígenas del hemisferio sur, el año comenzaba con el primer rayo de sol del 21 de junio; mientras que en el hemisferio norte se iniciaba el 21 de diciembre. No son días puestos al azar, sino que coinciden con puntos clave del ciclo solar: los solsticios que fueron identificados por observación.

“Los calendarios de los pueblos originarios se pueden ver. Nosotros en nuestra cultura occidental no podemos hacer eso, sino que nos regimos por calendarios que se imaginan y en los que confiamos”, explicó el ingeniero Julio Bonilla de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, de Colombia.

Muchos de los pueblos erigieron obras de ingeniería donde se alinearon piedras u otros hitos con los puntos de referencia en el horizonte para trazar el calendario de 365 días. Se trata de estructuras de gran precisión donde se indican los puntos precisos de los solsticios y equinoccios en el ciclo solar.

Actualmente, investigadores de diversas ciencias trabajan en conjunto para tratar de comprender estas cosmovisiones. Es un trabajo transdisciplinario entre astrónomos, arqueólogos, topógrafos, etnógrafos y antropólogos que pretende reconstruir la historia a través de las obras de ingeniería. Uno de los calendarios más conocidos está en Machu Picchu, pero existen otras estructuras similares en todo el mundo.

La fiesta del sol

A lo largo de los 365 días del año, el sol aparece en el horizonte en diferentes puntos, pero en el solsticio de invierno -es decir, cuando el sol alcanza el cenit sobre el Trópico de Cáncer - se detiene y aparece tres días por un mismo punto.
Según Bonilla, ese momento del calendario era identificado como una festividad, no sólo para pueblos americanos sino también en culturas europeas.
“Se trata de un ciclo que uno lo ve, donde se materializa el tiempo en ese primer rayo de sol que sale en la montaña y uno puede ver ese nuevo año. Para las cosmovisiones de los pueblos andinos, ese haz primero de luz da energía y por eso lo esperan con sus palmas hacia el Sol”, detalló.

La arqueoastronomía

Para tratar de dar significado a diferentes estructuras antiguas que se encontraban en todo el mundo, desde la década de 1930 se está gestando una nueva disciplina: la arqueoastronomía.

“La arqueoastronomía la iniciaron principalmente antropólogos, haciendo apreciaciones muy aproximadas. Nosotros como topógrafos e ingenieros estamos tratando de precisar técnicamente alineamientos”, explicó.

El estudio comienza desde la indagación de la astronomía antigua -previa a la cultura occidental- que tiene estrellas con diferentes nombres y otras constelaciones. “Hay que ver como veían los pueblos ancestrales su entorno”, sostuvo Bonilla.

En este trabajo, luego se continúa con la colaboración de herramientas de la topografía, la geodesia y la cartografía que permiten ayudar a dilucidar si las interpretaciones antropológicas de estas estructuras son válidas.

Existen diversas técnicas con diferentes grados de exactitud y complejidad de las que se valen los investigadores. Desde la brújula y la cinta métrica hasta sofisticados GPS, todos se utilizan con el fin de recolectar datos, realizar mediciones y observaciones para analizar sus significados.
“A partir de este tipo de elementos podemos volver a mirar nuestras raíces, lo que éramos”, indicó el especialista y agregó: “Hablamos de interdisciplinariedad porque más allá de identificar un observatorio lo que nos interesa es que podemos recuperar la simbología, el pensamiento y el equilibrio del hombre con el medio ambiente”.

En la provincia de Tucumán, Argentina, existe una estructura, los Menhires, compuesta por columnas fálicas similares a otras que se encuentran en Colombia y Perú. Esta reserva arqueológica situada a 15 km de Tafí del Valle cuenta con unos 50 megalitos que, de acuerdo con las especulaciones de arqueostrónomos incluyen un calendario solar.

Pero el estudio de estas estructuras no es fácil. “Las petras han sido movidas por el gobierno, perdiendo todo el significado astronómico, cósmico, topográfico que pudo haber tenido”, contó Bonilla.

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