2/19/2009


Fig. 2. El viaje de las almas mapuche

OBSERVACIONES IMPORTANTES


Es de capital importancia para la cabal comprensión de lo expuesto tener en consideración los siguientes puntos:


1) La concepción del Cosmos como una esfera dividida en planos horizontales es solo un simbolismo espacial de lo que en realidad es la manifestación del Ser Universal.


2) Los distintos planos son un simbolismo, dentro del espacial, de nivel (i.e.: una transposición analógica en diferentes niveles) de las múltiples modalidades de aquella manifestación.


3) El Cosmos se manifiesta entre dos polos (no manifiestos) uno esencial y otro substancial, entiéndanse estos dos términos en estricto sentido etimológico. En la India se denominan Purusha y Prakriti, en China Tien y Ti, en el judaísmo Chokmah y Binah, en el cristianismo el Santo Espíritu y la Virgen, etc., etc. Precisamente entre esos dos polos se extenderán los distintos niveles horizontales cuyo número es indefinido (i.e.: innumerables); pero en la mayor parte de las tradiciones a los efectos representativos solo se consideran fundamentalmente tres: dos polares y uno ecuatorial. Las variaciones numéricas asignadas por las diversas culturas responden sólo a puntos de vista diferentes, sin que ello implique una contradicción entre ellas.



4) Vale decir que cada uno de los planos horizontales -denominados mundos, cielos, infiernos, planos, esferas, orbes, círculos, etc.- no son otra cosa que el dominio en el que se desarrolla un grado o estado de la Existencia Universal o Manifestación cósmica. En todas las tradiciones los "lugares" simbolizan esencialmente estados.


5) Desde el punto de vista microcósmico la esfera es el ser manifestado y los mundos son cada uno de los múltiples estados de manifestación de ese ser.


6) La Mapu -lato sensu- es el mundo o nivel del hombre, es el dominio ocupado por el estado individual humano de la Existencia Universal. Por consiguiente la Mapu engloba no sólo al planeta Tierra sino a otros mundos corpóreos y extracorpóreos, a todo lo que los occidentales modernos consideran la realidad: los espacios siderales, galaxias, planetas, etc., más otros aspectos no-ordinarios. Por ello, si fuese efectiva la posibilidad de vida en otros planetas, aquellos seres que ocupen el mismo grado jerárquico en la manifestación que el Hombre serán necesariamente humanos, pero extraterrenos, concordando plenamente en sus analogías funcionales y sin importar las diferencias morfológicas.


7) Se toma el estado humano de la Existencia Universal, o Mapu, como punto de referencia, siendo los "cielos" los estados superiores a él, en tanto que los inframundos corresponden a los que le son inferiores.


8) En una representación gráfica correcta la distancia entre los indefinidos niveles cósmicos es infinitesimal. Cada uno de los planos horizontales intersecciona perpendicularmente el segmento de la recta axial en cada uno de los puntos que la componen. El grosor de cada mundo deberá ser representado por el espesor de un segmento de recta, es decir, del mismo ancho de un punto geométrico.



9) Los cielos y los inframundos corresponden en su totalidad a la Realidad No Ordinaria y la Mapu abarca toda la Realidad Ordinaria así como aspectos No Ordinarios. Por eso, pretender hallar la entrada a los inframundos en la Realidad Ordinaria es un disparate (y a pesar de ello muchos lo intentan -en otro orden de cosas- respecto de Agartha, la tierra de los inmortales o, la de los bienaventurados, la Tierra pura de Platón, las montañas Merú y Montsalvat, o el mapuche monte Trengtreng, incluso el Paraíso Terrenal bíblico). Lo que no obsta a que estos lugares, o sus moradores, se manifiesten circunstancial y brevemente en la Realidad Ordinaria, hecho que en lengua mapuche se denomina perimontu o perimol, según el carácter positivo o negativo -respectivamente- de tal manifestación.


10) Cada uno de los niveles horizontales es en sí mismo análogo a todo el Cosmos, cada uno es una Imago Mundi o microcosmos; en esos pequeños cosmos hallamos también niveles análogos y correspondientes a los del gran Cosmos, y así sucesivamente. El conjunto será algo así como esas imágenes catóptricas producidas por la reflexión de un objeto situado entre dos espejos cuyos planos reflectantes se hallan enfrentados, y que lo reproducen indefinidamente. O como esas cajas chinas dentro de las cuales siempre se encuentra otra similar pero más pequeña que, a su vez, contiene otra aún más pequeña, y así sucesivamente. Por eso debe explicitarse a qué sistema se refiere un término determinado, cosa que pocas veces se hace, por falta de competencia, y ello engendra no pocas confusiones o da pábulo a las pretensas contradicciones o incoherencias que hallan los investigadores precisamente allí donde no las hay.


Lo más habitual es la confusión que hacen entre el Cosmos y el mundo terrestre, cooperando al desconcierto, por ejemplo, que los romanos denominaran al Kosmos de los griegos con el vocablo Mundus, y otras circunstancias ajenas al tema. Ejemplo bien claro de esto es lo siguiente. Los astros y planetas se hallan para el mapuche sitos en el segundo cielo (de arriba abajo). Si esto es tomado literalmente, estos cuerpos celestes se hallarían entonces fuera de la "dimensión" - término que gustan emplear, impropiamente, algunos medios de divulgación científica - en que vivimos, es decir, fuera de la materia, del tiempo y del espacio, hecho que la simple observación refutaría. O planteado desde otra perspectiva, "si los astros son parte de la Realidad Ordinaria ¿por qué se los asigna al segundo cielo, que pertenece a la Realidad No Ordinaria?". Ello es fácil de entender si se tiene en cuenta que los astros, como toda cosa, tienen sus aspectos de realidad Ordinario y No Ordinario.


El aspecto material u ordinario lo constituyen los planetas visibles y tiene su ubicación en el microcosmos terrestre ocupando su segundo cielo, en tanto que sus aspectos No Ordinarios ocuparán el segundo cielo del Cosmos propiamente dicho. Esta concepción no es ajena al judeocristianismo, puesto que los siete planetas clásicos tienen por realidad No Ordinaria a los siete Arcángeles. Cada planeta en esa tradición tiene un cuerpo, un alma (anima mundi), un espíritu o inteligencia y un demonio. El Sol que penetra a los inframundos y desempeña funciones como psicopompo es el aspecto No Ordinario del astro visible. El alma de Sol, por ejemplo, se llama antü ñi am.


11) En la figura incluida en el capítulo anterior "La estructura del Cosmos según los Mapuche", se ha representado la división octal junto a la tetrameral de los puntos cardinales. Eso es una impropiedad, puesto que ellas pertenecen a distintos sistemas de referencia, y se ocasiona una tautología gráfica, dado que existe correspondencia entre ambas. Los puntos cardinales (mundo terrestre) son jerárquicamente inferiores a los puntos solsticiales y equinocciales del ciclo anual (mundo sidéreo o astronómico). Son homologables: el solsticio de verano al Norte; el solsticio de invierno al Sur; el equinoccio de primavera al Este y el de otoño al Oeste. Hemos incurrido en esta inexactitud para graficar lo que la cultura mapuche acostumbra a veces, por razones simbólicas, a representar de tal modo.


12) No se ha expuesto: la continuidad entre los distintos niveles cósmicos; la constitución del vórtice esférico universal en lugar de la esfera; las relaciones polares; la dirección de circulación entre los niveles cósmicos; el gradiente de potencial polar indispensable para la manifestación fenoménica; etc.,etc. De hacerlo nos alejaríamos de la forma divulgativa que nos hemos propuesto, así como nos expondríamos a desarrollar temas a los que no nos es dado comentar.

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