2/13/2009

El conocimiento perdido del pueblo mapuche.

En la Historia de Chile, escrita por M. César Famin, 1839, Edit. Barcelona, encontramos:

“En la astronomía tienen los Araucanos algunas nociones más positivas. Distinguen los planetas, las estrellas: conocen los solsticios, los equinoccios, las constelaciones, la vía láctea, y entienden varios fenómenos celestes, tales como los eclipses y las fases de la luna. Su año, al cual ellos llaman Thipantu, empieza el 22 de Diciembre, después del solsticio meridional, cuya designación en su idioma corresponde a “cabeza y cola del año (thaumatipantu).
El año se divide en 12 lunas (cuyen); la luna en 30 días, el día en 12 horas; siguen luego cinco días complementarios. Esta analogía con el año de los egipcios es ciertamente muy digna de notarse. Cada mes o luna está designado por una calidad especial, así es que el de diciembre es conocido por el mes de los frutos nuevos, “huevun-cuyen”; enero, “avun-cuyen”, el mes de la siega; en fin, hay el mes de la espuma, el desagradable, el traidor, el de los vientos nuevos, el del maíz, etc... “.

Nota:
Hoy día, el pueblo mapuche reconoce como inicio del año el 21 de Junio, fecha del solsticio de invierno.

Algunas otras palabras que han quedado en la memoria colectiva...

Afongkelén: brillar mucho una estrella.
Alengei: Hay luna.
Chawn-achawall: Constelación de las Pléyades.
Chod pañilwe= pasingka: el bronce.
Kalolasta: cierta constelación austral.
Kudwekwe: Cierta mancha oscura en la vía láctea cerca de penon choike.
Kelu pañilhue: el cobre.
Llepifün: centellear (los astros); pestañear.
Namun choike: cierta constelación austral. (pata de avestruz). La Cruz del Sur.
Ngau: Cierta constelación austral.
Pal: cierta constelación astral.
Pall: Las siete cabrillas. Constelación astral.
Pañilwe: el fierro. El metal.
Pelo: la luz, claridad.
Pelongeln: iluminar algo.
Peloltun: dar la vista a los ciegos.
Pepikaukelen= pepikawn: estar bien “arreglado”. Ser poderoso.
Pewenu: pantano en donde se hunde la gente.
Penon choike: Pisada de avestruz. Las tres marías. Constelación de Orión.
Pillma: pelota de paja.
Pillmatun: Juego con pillma, pasándola por debajo de los muslos.
Piuke trome: la pulpa fofa que hay en el interior de la caña de totora.
Pür kuyen: la luna llena (los antiguos se explicaban las fases lunares con el desteñirse y reteñirse de la luna).
Rali: plato de palo.
Rakiduam: pensamiento.
Rengaiko: excavó y dio agua.
Traiqen = trayen: la cascada.
Uyün antü = kelun antü: inclinado ya el sol.
Wangelen: la estrella.
Waiwen küref: el viento sur
Walka: alforja de machi en donde lleva sus remedios (likan).
Welu-witrau. El Orión (Constelación astral).
Wenuleufü: la vía láctea (río de arriba).
Wetrul poñü: (papa amontonada). Cierta constelación astral también llamada ”la gallina con el pollo”.
Witrakenun: levantar lo que ha quedado en pie. Presentar algo
Wiwish: metawe con dos barrigas.
Wunyelfe: Venus. Lucero del alba.


El mapuche
Denominación, difusión, homogeneidad y carácter polisintético y aglutinante del mapuche
Esta lengua -la que tiene actualmente mayor vigencia en el país- es denominada por sus usuarios, en distintos lugares y situaciones mupudungu ("lengua de la tierra"), mapudungun ("habla de la gente"), paisano y lengua. El primero de estos nombres es más general. Desde el comienzo de la conquista y durante la colonia llamó la atención de quienes la conocieron, su vasta área de difusión, desde Coquimbo hasta Chiloé y de cordillera a mar, como también su notable homogeneidad.
Así, el P. de Valdivia -autor de la primera gramática del mapuche ( Lima, 1606)- destaca, entre sus ventajas, que "solo ella corre desde la ciudad de Coquimbo y sus términos hasta las yslas de Chilue y mas adelante, por espacio de casi cuatrocientas leguas de Norte a Sur que es la longitud del Reyno de Chile y desde el pie de la Cordillera grande nevada, hasta la mar, que es el ancho de aquel reyno, por espacio de veynte leguas: porque aunque en diversas provincias destos Indios ai algunos vocablos diversos, y así los preceptos y reglas desta Arte [gramática] son generales para todas las Prouincias" (de Valdivia, 1887: Al Lector).
Con posterioridad, el Abate Juan I. Molina destacó igualmente su gran difusión y, particularmente, la ausencia de dialectos muy diferenciados. "Es muy similar, sin embargo, que la misma [lengua] no haya producido ningún dialecto particular, después de haberse propagado por un trecho de más de 1200 millas entre tantas tribus no subordinadas unas a otras, y privadas de todo intercambio literario. Los chilenos situados hacia el grado 24 de latitud la hablan del mismo modo que los otros nacionales situados cerca del grado 45.
Ella no ha experimentado ninguna alteración notable entre los Isleños, los Montañeses y los Llanistas. Solamente los de Boroa y los de Imperial cambian a menudo la r en s" (Molina, 1787: 305). En época más reciente, el Dr. Rodolfo Lenz consideró, por su parte, insignificantes las diferencias dialectales del mapuche (Lenz, 1895-1897: XXII). También han puesto de relieve estudioso antiguo y moderno la regularidad de su estructura gramatical.
El mapuche es tipológicamente -como otras lenguas de América, aunque en distinto modo- polisintético y aglutinante, de tendencia sufijadora. En él suelen formarse palabras complejas que equivalen a oraciones en español, constituidas por varios -incluso, muchos- elementos (morfemas), con significado léxico (raíces) y gramatical (persona, tiempo, modo, etc.), distribuidos jerárquicamente, fácilmente reconocibles y segmentables.
Tales elementos constituyentes se unen y se sustituyen de manera expedita, según lo que se desee expresar. He aquí un par de ejemplos: Feypipalay: "(El, ella) no vino a decir". Awarkudekefun: "(Yo) acostumbraba jugar a las habas [ahora, no] (juego tradicional mapuche).
El verbo es, en la estructura de esta lengua, la parte más importante. No solo son susceptibles de verbalizarse los sustantivos y adjetivos, sino también los adverbios, los pronombres interrogativos y los numerales. Es característico, además, la llamada "incorporación", la cual consiste en insertar (incorporar), en una forma verbal, una (o más de una) palabra, como en katrümamüllmean, "iré a cortar leña". En este ejemplo mamüll -sustantivo que significa "leña" - está "incorporado", y expresa el objeto o complemento directo de la acción (katrü -, "cortar") que realiza el sujeto. El mapuche es, desde luego, tan apto como cualquier otro idioma para la creación, expresión y transmisión, sincrónica y diacrónica, de la cultura de sus usuarios.
Subgrupos mapuches.
Situación en el pasado y en el presente

Dentro de la etnia mapuche residente en Chile se han distinguido tradicionalmente - por parte de los estudiosos de los aborígenes - cuatro subgrupos principales, cuya suerte, en el transcurso de cuatro siglos y medio, ha sido diversa. Con ellos se relacionan formas dialectales del mapuche.
Los picunches, o "gente del norte" Los picunches (de piku, pikun, pikum "norte" y che "gente") poblaban el territorio desde Coquimbo (río Choapa) hasta los ríos Itata y Bíobío, y desde la región subandina hasta la costa. Este conglomerado no sobrevivió. Dan testimonio de su presencia en el pasado numerosos topónimos, como por ejemplo Tongoy, Batuco, Melipilla, Peñalolén, Rengo, Pichilemu, Curicó, etcétera.
Los araucanos
Los araucanos (de raq "greda" y ko "agua" y la preposición española a.
Según el P. Havestadt [op. cit. ll: 768], cuando se preguntaba a los españoles adónde iban, respondían: a Rauco) -con los cuales se ha identificado, por la obra del poeta guerrero Alonso de Ercilla y Zúñiga, a toda la etnia- habitaban el territorio comprendido entre los ríos Itata y Bíobío, por el norte, y Toltén, por el sur.
Fueron llamados por los pehuenches (y todavía hoy, por algunos de ellos) y mapuches de Argentina moluches, "gente del occidente, de donde se pone el sol" (de mulu o molu, ngulu o ngolu "occidente, donde se pone el sol" y che "gente”. Este subgrupo araucano, que opuso una tenaz resistencia al poder español, ha sobrevivido y es, en el presente, el más numeroso. Se lo encuentra en las provincias de Arauco (VIII Región), Malleco y Cautín (IX Región).
La mayor parte de la población habita en las dos últimas provincias.Los pehuenches o "gente de los pinos"Los pehuenches (de pewen "pino" [Araucartia imbricata] y che "gente") ocupaban originalmente, según Latcham (1928) las faldas orientales de la cordillera, desde la altura de Chillán hasta Antuco.
Era un conglomerado nómade, racial y lingüísticamente diferente del mapuche, que subsistía de la caza y recolección. "Posteriormente tribus de ellos se establecieron en los valles y faldas occidentales, hasta el nacimiento del río Biobío, donde los hallamos durante la segunda mitad del siglo XVII, ocupando todo el alto valle, desde Santa Bárbara" (Latcham, 1928: 149). El P. Diego de Rosales alude en su obra Historia General del Reino de Chile (terminada en 1774 y publicada, por primera vez, en 1877) a la denominación pehuenche, por alimentarse los indígenas del abundante fruto del árbol pewen (el piñón se denomina ngülliw).
En la actualidad existen dos sectores pehuenches uno del norte, que comprende las comunidades del Alto Biobío y de Lonquimay, y uno del sur, que se extiende desde la laguna Icalma hasta el lago Panguipulli. Las comunidades pehuenches se ubican en la VIII y IX Regiones.

Los huilliches o "gente del sur"
Los huilliches (de willi "sur" y che "gente") habitaron el territorio comprendido entre el río Toltén (o el Quepe, o el Calle-Calle) y el Golfo de Corcovado, incluida la isla de Chiloé. En el presente aparecen muy disminuidos respecto del pasado. Se los encuentra desde el lago Ranco hasta la isla de Chiloé, pero en forma discontinua. En la provincia de Valdivia hay todavía algunas comunidades, como Isla Huapi, Pitriu, Maihue, Carimallín y Repumeica; en la provincia de Osorno, San Juan de la Costa y Río Blanco; en la isla de Chiloé, Coihuín, Guapulli, Huequetrumao e Incopulli de Yaldad (Álvarez - Santullano, 1992: 61).
Dannemann y Valencia (1989: 22) mencionan tres localidades cerca de Quellón, a saber, Compu, Chadmo y Huildad. Ésta parece ser la localidad más austral donde sobreviven huilliches (Lat.43† 40' y Lon. 73† 34').

Por último, hay que considerar a los numerosos mapuches que han emigrado a las ciudades -buscando mejores expectativas de trabajo-, sobre todo a Concepción y a Santiago. En ésta residen actualmente importantes grupos de personas, en las comunas de Pudahuel, Renca, Cerro Navia, Macul y otras.En cuanto al número de mapuches que poblaban el territorio a la llegada de los españoles, no es posible dar cifras exactas.
Sin embargo, se estima que era de, aproximadamente, un millón de habitantes. Alrededor de medio millón se encontraba en la que ahora se llama Región de la Araucanía. La población era más densa al sur del río Itata. "Una de las mayores concentraciones estaba en la que hoy es la provincia de Arauco, esto es, en la falda marítima de la cordillera de Nahuelbuta, y también en su falda oriental, hacia los llanos centrales.
Sin embargo, las planicies y llanos, generalmente cubiertos de bosques, eran de menor densidad" ( Bengoa, 1991: 16).Para el presente se da la cifra de, aproximadamente, medio millón de mapuches. Según el Censo de reducciones indígenas seleccionadas:-análisis sociodemográfico (1988), el 80% de ellos habita en la IX Región. La mayor parte de la población mapuche es campesina. Los pehuenches y huilliches son comparativamente minoritarios. Por ejemplo, la población pehuenche del Alto Biobío es sólo de 4.000-4.500 personas. En cuanto a los mapuches residentes en Santiago, su número puede ser superior a 100 mil.
Situación de la lengua mapuche en el presente
Respecto del número de mapuches que todavía conservan su lengua, no hay estadísticas. Hay situaciones diferentes. Así, si se trata del huilliche, según Álvarez-Santullano (op. cit.: 62) "La lengua nativa es aún utilizada como medio de comunicación en algunas escasas ocasiones y por algunos ancianos en isla Huapi y en San Juan de la Costa, mientras sólo una familia (cuyos componentes son de edad avanzada) parece emplearla en el sector de Catrihuela (costa Río Blanco) y prácticamente está ausente, al menos como medio de comunicación, en Pitriuco, Maihue y Carimallín y en las comunidades de Chiloé".
En el Alto Biobío, por el contrario, la mayoría de las personas la conserva y la emplea sin inhibiciones frente a forasteros. Es cierto -eso sí- que ya se aprecia una pérdida de la lengua en los niños y jóvenes. No pocos pehuenches sienten orgullo y hasta obligación de hablarla (por ejemplo, el longko [cacique] de una comunidad), sobre todo cuando se celebra el ngillatun ("rogativa"). Un gran ngenpin ("dueño de la palabra") de Cauñicú, decía, con énfasis: Ngütramkaliiñ kamarikun mu, re ta mapudungolu inchiñ, ká kewün no!' o sea, "cuando conversemos en la rogativa, nosotros hablaremos sólo mapuche ¡otra lengua, no!".
Sin duda, el mayor número de hablantes se da dentro del subgrupo araucano, cuya variedad de lengua ha sido más estudiada y es, por lo tanto, mejor conocida.El apego a su lengua por parte de la mayoría de los mapuches debe haber motivado el no cumplimiento de una predicción del Dr. Rodolfo Lenz: "Dentro de cincuenta años, el último descendiente de esta valiente estirpe en la ladera occidental de los Andes habrá abandonado su traje y su lengua nacionales" ( Lenz, 1940: 257. Escrito en 1893). Ello no ha ocurrido, a pesar de las condiciones difíciles -o francamente adversas- en que ha debido desenvolverse la etnia mapuche.

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