12/10/2008


Exprimir el telescopio

Como quiera que todos los astrónomos aficionados solemos vivir en el límite de la aberturitis, buscando siempre esa galaxia que está una décima de magnitud más allá de nuestras posibilidades, estamos más o menos acostumbrados a tratar de pedirle a nuestro telescopio todo lo que puede e incluso un poco más. Vamos a ver algunos consejos dirigidos a aquellos que tienen limitada la abertura de su telescopio o que quieren apurarla al máximo.

Lo que debemos tener claro es que hay un límite de magnitud que nuestro telescopio no va a poder superar, por el simple hecho del límite físico de diámetro; sin embargo, si repasamos un buen atlas de objetos astronómicos veremos que, incluso con nuestro pequeño telescopio, tenemos mucho más que ver que los típicos messiers de siempre. Pero debemos procurar aprovechar hasta el último fotón que entre por el objetivo de nuestro cacharro, ya que va a ser vital (podríamos llamarlo "fotonitis", como contraposición a "aberturitis"). Para ello deberemos por un lado optimizar nuestro telescopio y por otro, nuestras costumbres y lugar de observación.
Entremos ya en materia.

Comenzaremos con evitar el empañamiento del objetivo, con el que muchas veces nos habremos tenido que enfrontar cuando observamos desde sitios húmedos. La solución más sencilla y barata es construirnos un simple parasol, de unos 20 a 30 cm de longitud, que colocaremos en el extremo del tubo. Esto nos va a ser útil especialmente en refractores y catadióptricos, puesto que tienden más a empañarse que un Newton, que tiene el espejo en el fondo del tubo. Evidentemente, debemos usar cartulina negra, y a ser posible que sea mate; el material usado debe ser cartulina o cartón por el simple hecho de que así además de aislar el objetivo, absorberá la humedad. Hay que señalar que podemos adquirir en el mercado parasoles "de marca", para telescopios como catadióptricos de 20 cm, etc., pero a un precio astronómico (evidentemente) y además construidos en plástico, los cuales no suelen evitar que se cubra la lente de una considerable capa de agua. Por tanto, optemos por la simple cartulina de 25 o 30 pesetas, enrollada y pegada convenientemente.

En cuanto a otros sistemas para desempañar, podemos optar por secadores de pelo que adaptemos para usar con batería, o mecanismos similares, pero no dejan de ser engorros que además no protegen contra la humedad, sino que la quitan cuando ya nos ha fastidiado la noche. Personalmente pienso que es mejor emplear medios profilácticos (como la susodicha cartulina) que armamento pesado y destructivo.

Hay otro motivo por el que vamos a recomendar el parasol, y es para evitar la luz parásita. Efectivamente, cuando observamos a través del telescopio no solamente entra la luz que queremos ver (por ejemplo, la de Messier 100), sino que además entra una cantidad variable de luz parásita, proveniente del ambiente, que nos reduce el contraste de la imagen. Por supuesto esto será tanto más molesto cuanto más luces tengamos alrededor, por lo que para quienes observen desde dentro (o en las proximidades) de la ciudad les será crucial reducir dicha luz "sobrante". Como digo, un buen parasol es la primera medida para aislarnos de los fotones de sodio de las farolas (o de la luz de la Luna, o de la linterna con una sola capa de celofán rojo del pesado ese que no para de mirar el Sky Atlas...) por lo que es recomendable para todos los telescopios. Es cierto que los refractores ya suelen llevar uno, y que en los newtonianos el espejo primario está en el fondo del tubo, pero tanto en un caso como en el otro seguiremos ganando, ya que el parasol de los refractores suele ser bastante corto, y en el caso de los newtons debemos pensar que el secundario y el ocular están muy cerca de la abertura del tubo. Así que ya podemos renombrar a nuestro tubo de cartulina como parahumedades-quitaluces.

Una mejora que podemos hacer, si vemos que a pesar del color negro el interior de la cartulina refleja mucha luz, es recubrirlo con una capa de fieltro negro autoadhesivo (de venta en librerías y similares). El fieltro reflejará la luz en diferentes direcciones (es mucho menos "liso" que la cartulina) con lo que dispersará la luz que reciba (y a nosotros no nos interesa para nada la luz que incida sobre el tubo óptico; solamente la que entre en él). En el caso de un newton también podemos pegar un trozo de fieltro negro en el interior del tubo, justo en la posición opuesta al portaoculares (es decir, lo que vemos por detrás del espejo secundario cuando miramos sin ocular).

Volviendo a quienes observan desde el interior de la ciudad, podemos citar todavía algunos consejos más. En primer lugar, cubriros de las luces que más directamente incidan sobre vosotros y vuestro telescopio, tendiendo por ejemplo una manta; si estamos en el tejado, tal vez podremos usar los mismos cables de tender la ropa, en caso contrario, siempre nos podemos poner uno a medida. Luego, nos hacemos con un trapo negro lo suficientemente grande como para cubrir nuestra cabeza cuando estamos mirando por el ocular (al estilo de los primeros fotógrafos). Y para terminar, nos aseguramos que nadie nos ha visto.

Vamos a seguir ahora por solucionar un importante problema al que tal vez no siempre se le da la importancia que tiene (es como la salud, que sólo la valoramos cuando la perdemos). Me refiero al buscador, que si bien suele estar incluido junto el telescopio, en el caso de los instrumentos económicos suele ser de una calidad deplorable, incluso denunciable (yo diría incluso que es un atentado a los derechos humanos). ¿Por qué? Por muchas razones, por triste que suene. El diámetro del objetivo por regla general es infame, por regla general de 25 mm, pero es que además, para disimular la mala calidad (la lente es simple y de plástico, con toda la aberración cromática que esto conlleva) se le coloca un diafragma que reduce la abertura a la mitad, con lo que encima la cantidad de luz que entra es ridícula.

La primera medida a tomar es quitar ese diafragma; para ello desenroscamos el pequeño parasol del buscador, que además hace las funciones de sujetar a la lente, quitamos el objetivo, metemos el dedo y sin contemplaciones la quitamos. Volvemos a poner la lente, enroscamos, y arreglado. Evidentemente, ahora veremos las estrellas de todos los colores imaginables, pero creo que es mejor que no verlas (y como encima, con el diafragma sigue habiendo aberración, no nos lo pensemos).

Estas "instrucciones" se refieren al buscador 5x24 que hemos visto en muchos telescopios de bajo coste. En cualquier caso, antes de hacer nada, deberemos inspeccionar el que tengamos y estudiar las acciones ha realizar. Más adelante podemos optar por conseguir un buscador nuevo. Actualmente, gracias a la “invasión” de telescopios chinos y tal, los fabricantes han espabilado algo y el modelo estándar suele ser un 6x30 o incluso un 7x50, con lo que no será necesaria la anterior operación.

Un último consejo, coloquemos un parasol de cartulina también al buscador ¡es casi más importante que en el caso del telescopio! Os aseguro, por propia experiencia, que se agradece (sobre todo cuando te dejas la cartulina en casa y se empaña el buscador).

En cuanto a los oculares, la calidad y limpieza de los que usemos va a ser fundamental también. Aunque en principio pueda parecer que una ligera capa de polvo o una "huella dactilar" impresa sobre su superficie óptica no afectan demasiado a la imagen, lo cierto es que la suma de sus pequeños efectos acaba siendo desastrosa, por lo que antes de traspasar la diferencia entre un ocular "sucio" y uno "guarro" es mejor que tratemos de impedir que la suciedad llegue a instalarse en ellos. Como con todo lo demás, siempre es mejor prevenir que no limpiar (una superficie óptica limpiada no es lo mismo que una sin ensuciar), o lo que es lo mismo: guardar siempre los oculares en sus cajitas, mantenerlos alejados de líquidos (como el café de las 3 de la madrugada) o incluso de aquellos "observadores" que por naturaleza sabemos que tienden a dejar su firma personal sobre nuestro ocular (pero no se lo digáis de este modo, ya que se puede enfadar un poco).
Si a pesar de todo se ensucia, cosa que si somos astrónomos de "campo" terminará sucediendo un momento u otro (las cosas hay que usarlas, tampoco seamos unos ratas) tendremos que proceder a la inevitable limpieza. Si se trata de polvo, usaremos un pincelito de los que venden para cámaras de fotografía, con los cuales podemos también soplar el polvo. Si la cosa es algo más que simple polvo, recurriremos al resto del kit de limpieza de nuestra cámara. Primero quitaremos todo el polvo que podamos y luego con un paño adecuado y el líquido correspondiente (ambos vienen con el kit) limpiaremos suavemente la superficie. No utilicemos nunca (si es posible) pañuelos de papel u otros tipos de papel o tela, ya que corremos el peligro de rayar el cristal. Tened siempre presente que en la limpieza de superficies ópticas el cuidado y precaución son fundamentales.

Por otro lado, los poseedores de newtons de 114 o refractores de 60 u 80 milímetros sabréis por experiencia que estos telescopios suelen (o solían) llevar oculares pequeños (de 0.9 pulgadas) y de calidad bastante dudosa. Una opción puede ser hacernos con un adaptador para usar oculares de 1.25 pulgadas, que normalmente son de mejor calidad.

Sin embargo, esto puede salirnos bastante caro, además de que muchos newtons no tienen suficiente recorrido de enfoque para usar estos adaptadores. Siempre podremos recurrir a cambiar el portaoculares o hacernos nosotros un adaptador a nuestra medida. También podemos recurrir de nuevo a los prismáticos viejos (o de segunda mano, o de un bazar...) y extraer uno de los oculares; por regla general suelen tener una calidad más que aceptable, además de un gran campo, y muchas veces tienen un diámetro perfecto para portaoculares de 0.9 pulgadas.

Una parte fundamental del telescopio y que también debemos cuidar es la montura. Volviendo al tema de los telescopios económicos, la mayoría de los instrumentos de estas características que nos podemos encontrar tienen una montura que no es digna de llamarse como tal. De hecho, existe una montura "de juguete" típica, similar o prácticamente similar en muchos modelos (posiblemente fabricada en serie por alguna empresa tailandesa o china y luego vendida a las diferentes "marcas" de telescopios). Estas monturas se caracterizan por ser muy endebles y con bastantes juegos, pero como quiera que nos tendremos que conformar con ellas, por ahora, trataremos de sacarles el máximo partido, al igual que hemos hecho con la parte óptica. En primer lugar, comenzaremos por el sinfín que transmite el movimiento del mando o del motor al eje de ascensión recta; suele tener un juego bastante exagerado, debido a que generalmente no está bien encajado contra la corona dentada.

Bien, al igual que hemos hecho con este problema, yo recomiendo lo siguiente: nos sentamos un día (día como periodo diurno, se entiende) frente al telescopio, montado por completo, y observamos y buscamos cada uno de los "juegos", "bailes" y demás fallos que encontremos en la montura; posteriormente repetimos lo mismo sin el tubo del telescopio y sin trípode (encontraremos aun más fallos) y finalmente, desmontamos todo el cachivache, lo limpiamos con desengrasante (que buena falta le hará, a buen seguro) y lo volvemos a armar, dándole la grasa necesaria (cuidado con pasarse o quedarse corto, ambas cosas son igual de malas) y apretando bien todos los tornillos, corrigiendo todos los defectos de montaje que hayamos encontrado, etc. Si es necesario y tenemos la pericia suficiente, podemos incluso substituir alguna pieza de la montura por otra de nuestra manufactura (o del desguace, tanto da) que efectúe con más precisión su cometido. Luego, a probar la montura por la noche, con telescopio incluido, para probar los apaños hechos y buscar nuevas posibilidades de meternos con ella.

Ya metidos en faena, tomaremos al trípode por banda y le haremos un buen apaño, ya que gran parte de las vibraciones y movimientos del telescopio se van a deber a él. Desde luego, yo recomiendo no levantar el trípode más de lo necesario, pero en algunos casos (como refractores) esto puede ser muy incómodo, por lo que procederemos a aumentar su estabilidad. Algo sencillo que podemos hacer es colocar unos tacos de madera tal como muestra el dibujo, entre las dos piezas externas del mismo, tan hacia arriba como podamos. Los tacos, preferiblemente de madera, deberán entrar con cierta presión, para que cumplan bien su trabajo. En principio, no debería hacer falta sujetarlos con nada, pero si lo preferimos, podemos unirlos al trípode con un par de tornillos. Apretad bien el trípode a la montura, y estiradlo todo lo que se pueda.

Ya puestos a exprimir todo lo que podamos a nuestro telescopio, y puesto que de lo que se trata es de ver todo lo que seamos capaces, comencemos por dar ejemplo y exprimámonos nosotros mismos. ¡Un momento! ¡Que nadie se espante! Dejad el exprimidor en la cocina y permitid que me explique. Evidentemente, nuestro telescopio nos va a limitar en cuanto a la cantidad de luz que podremos ver o lo finos que serán los detalles a resolver, pero hay otro factor limitante que somos nosotros mismos. No voy a entrar a describir el funcionamiento del ojo, de la percepción, etc. pero vamos a ver algunas conductas que van a favorecer que demos "lo máximo" de nosotros mismos (en cuanto a observación astronómica se refiere).

En primer lugar, algo tan sencillo como unas gafas de sol. No sé si está demostrada su utilidad astronómica, pero lo que está claro es que cuanta más luz incida sobre nuestra retina, más insensible va a estar esta, por lo que es muy recomendable cuidar mucho en este aspecto la vista (sobre todo, pensando en el Sol), y más aún el día antes de salir a observar. Otra cosa es si con esto ganamos suficientes magnitudes para convertirnos en adictos a las gafas en cuestión. El ojo tiene más medios de adaptación a la oscuridad, además del iris de la pupila, y no está tan claro que todos sean de respuesta tan rápida como este, por lo que es fundamental tratar de no deslumbrarnos a lo largo de la noche.

No voy a entrar en detalles aquí sobre la discusión bebidas calientes/frías o alcohol/no alcohol. En principio las bebidas alcohólicas tienen un efecto muy acusado sobre la visión, por lo que deberíamos de prohibirlas totalmente, no sólo a lo largo de la noche, sino también las horas previas. Sin embargo, vamos a ser benevolentes y permitiremos ese carajillo de las 2 de la madrugada que algunos aficionados gustan de hacerse, ¡pero sólo uno! Y en cuanto a lo demás, yo creo que es más bien cuestión de cada uno, ya que cuando vas a pasar toda la noche subido a lo alto de una montaña, en pleno enero, lo más importante para que la observación vaya bien es estar lo más cómodo posible (quiero decir, lo más cómodo que se puede estar en esas circunstancias; quedarse en casa no vale). Sí es importante, por tanto, el abrigo. Aunque haga buen tiempo coged mucha ropa, si luego no la necesitáis dejadla en el coche, pero que no se os amargue la noche por culpa de las bajas temperaturas. Es mucho mejor usar varias capas de ropa que una sola muy gruesa, ya que estaremos más aislados; también fundamental por lo menos dos pares de calcetines, guantes y gorro o pasamontañas. Mantas, comida, agua, café, pastas, fruta, etc. a gusto de cada uno.

Muchas veces habréis notado lo incómodo de observar con un solo ojo abierto; los observadores con mucha experiencia pueden llegar a observar con los dos ojo abiertos, prestando atención solamente al que mira por el ocular. Esto está muy bien así escrito, pero yo os recomendaría mejor que optaseis por no cerrar el ojo que no mira, pero cubriéndolo o bien con la palma de la mano o, mejor aún, con un parche, a lo pirata (en este caso, aquello de que no deben veros los vecinos ya es totalmente obligatorio).

Y ya puestos a sacar el máximo partido, llevaos un buen atlas estelar y una lista preparada de objetos observables. Tened en cuenta que un newton de 114 o un refractor de 80 dan mucho más de sí de lo que a primera vista parece, siempre y cuando sepamos elegir los objetos a observar. No tenemos porque estancarnos en los messiers (para muestra el catálogo Herschell) ni tampoco dejar de aprovechar astros que ya tenemos muy vistos pero que nunca hemos dibujado, tomado anotaciones ni nada que se le parezca; seguro que le podéis sacar mucho más partido de lo que pensáis. Por poneros un ejemplo, a pesar de la abundancia de grandes telescopios que tenemos ahora mismo en la SAC, la mayoría de las observaciones que se envían están hechas con una abertura de 200 o 150mm, ¿donde están esas maravillas de telescopios que hay por ahí?.

Concluyendo, que os animo a que tratéis de sacarle el máximo partido a vuestro telescopio (sea el que sea) y a que disfrutéis al máximo de una noche estrellada. Es uno de los mayores espectáculos que se pueden ver.

Este artículo de Jordi González salió publicado en el FOSC 20. Aquí lo volvemos a editar como complemento perfecto al otro texto de los mapas celestes. Este texto serían las técnicas que debemos emplear una vez que sabemos el punto exacto donde está lo que buscamos.

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