7/02/2008


Universo en expansión por el Big Bang

La teoría del Big Crunch tiene el atractivo de que es un final pero, al tiempo, abre la posibilidad de una continuidad: tal implosión podría dar lugar a un nuevo Big Bang y a todo un universo nuevo. Este ciclo podría haberse producido ya muchas veces atrás, antes de dar lugar a nuestro cosmos particular que conocemos.

Las otras dos opciones eran, en definitiva, variaciones sobre el mismo tema. La expansión del universo podría ser demasiado potente como para que la gravedad pudiera siquiera aminorar su marcha, o las cosas podrían estar tan equilibradas que la expansión se ralentizaría poco a poco hasta hacerse casi nula, pero el universo no llegaría nunca a contraerse. Cualquiera de los dos escenarios condena al universo a un “Big Chill”, o “Gran Enfriamiento”, en donde conforme la materia del cosmos se dispersa y escasea el material para la formación de estrellas, la luz del universo se debilita hasta apagarse y lo único que queda es una larga eternidad fría.

Escoger un destino

Entonces, ¿cuál de estas dos alternativas se daría? Las mediciones cruciales, de las que dependía el destino del universo, eran el ritmo al que se expande el cosmos y su densidad actual. Desde que Edwin Hubble demostró que el universo se expandía, los astrónomos han intentado medir con precisión esta tasa de expansión, conocida como “Constante de Hubble“, pero sólo en años recientes hemos obtenido una respuesta razonablemente precisa.

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